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Hussen Maheen, en la memoria

Marzo 11th, 2010 · 13 Comentarios

Por Abel Ruiz de León Trespando 

Hussen Maheen se ganó la vida durante años trabajando como funcionario en el temido Ministerio de Información iraquí. Cada día tomaba su vieja cámara analógica, curtida de retratar los actos públicos y privados del tirano, Sadam Husein, y vagaba por las diferentes plantas del edificio ministerial esperando ser convocado para una nueva cita con el dictador.

 

Cuando Hussen revelaba sus imágenes en alguna tienda de la triste Bagdad, las fotografías destilaban palidez de colores, cierto aire sórdido y rancio, pero especialmente un barniz de marcialidad que desprendía cada aparición del canciller, por mucho que sus asustados colaboradores trataran de maquillarlo.

 

Las primeras semanas que siguieron a la caída del régimen no fueron fáciles. Su pasado laboral cultivó cierta desconfianza hacia su persona, un rechazo infundado y que también sufrió en los despachos del ministerio debido a su condición de chií. Aquellos pasillos acogían una ‘troupe’ de familiares, asalariados y voceros de Sadam, inscritos al partido Baaz y pertenecientes a la comunidad suní, que sustentaba el escenario político iraquí desde hacía décadas.

 

Cuando la nueva realidad se asentó, Hussen tuvo que abandonar precipitadamente su empleo. Bagdad se sembró de atentados, secuestros a occidentales y operaciones militares que sacudían a diario cada barrio de la ciudad. Los muertos por entonces no se contaban, con suerte se enterraban. Los cuerpos se cubrían de gravilla en las cunetas. Su localización se marcaba con una estaca provisional de madera, hasta que los familiares pudieran regresar para recuperarlos y sepultarlos dignamente en algún cementerio. En aquellos ‘años de plomo’ Hussen ayudó a periodistas y recorrió cada rincón de la ciudad, sin importarle demasiado los casi sesenta años de vida que acumulaba a sus espaldas.

 

A primera hora de la mañana conducía por los nudos de las autopistas que estrangulan Bagdad. Siempre puntual. Hussen esperaba sonriente en la recepción del hotel, mostrando felizmente y sin complejos el único diente que aún sostenía el equilibrio en su boca desnuda. Su esposa le anudaba la corbata, antes de que los primeros rayos del sol se mostraran sobre el barrio periférico donde residía. Después se enfundaba un chalequillo sin mangas, repleto de bolsillos y color caqui, que le acompañaba inseparable en cada jornada de trabajo.

 

Hussen aceptó con asombrosa humildad su nuevo rol como Lazarillo – aquellos días aún anónimo- de un periodista español, mucho más joven y al que duplicaba en edad. También soportó recriminaciones cuando el trabajo de horas  y los cientos de kilómetros recorridos no daban los frutos esperados.

 

Pero Hussen jamás abandonó a su pareja de baile. Así un día tras otro, un mes y otro. Trabajando por igual en invierno o en fechas más calurosas. Acompañando al documentalista hasta las entrañas de una ciudad indomable, que ocultaba historias escondidas que muchos, a día de hoy, aún no quieren conocer. Mimetizándose con sus vecinos de Bagdad, a quienes consolaba en su desgracia. Como cuando animó a Basim Ibrahim Rasin, cuya esposa acababa de parir a su undécima hija, enterrando sus últimas esperanzas de ser padre de un hijo varón. Su mujer dio a luz a la pequeña Fatime, en el paritorio en penumbra del hospital Al Yarmok, donde los cristales temblaban por el incesante estallido de las bombas en las inmediaciones. Hussen entendió inmediatamente la desolación de aquel hombre, porque también era padre de diez hijas y para su desconsuelo de ningún chico.

 

Con la misma decisión afrontó cada jornada de trabajo. Con la misma entereza vivió las horas posteriores al asesinato de siete agentes del CNI; se acercó a las inestables calles de Sadr City o entró en la emblemática mezquita del profeta Alí, en Kufa, cuando los milicianos del ejército del Madhi se rearmaban en sus salones regios, elevaban sus Kalashnikov al cielo y llamaban a la guerra santa contra las tropas americanas y españolas, por entonces ya reculando en su cuartel de Nayaf, poco antes de su festejada retirada, tan intolerable como la orden que allí los destinó.

 

Algunas de estas historias y otras muchas están recogidas en el libro ‘Escuchar a Iraq’,( http://www.blume.net/iraq ), publicado por la editorial Blume, y del que Hussen Maheen es tan responsable como su propio autor.

 

Desde hace tiempo, las noticias de su muerte habían llegado a España. Un teléfono in operativo y un correo electrónico sin respuesta auguraban lo peor desde hacía mucho. Hace horas, las circunstancias de su asesinato en una autopista que une Bagdad y el barrio de Alramady, a manos de soldados norteamericanos, confirmaron todos los temores. Hussen deja una viuda en Iraq, profesora de inglés en un colegio de Bagdad, diez hijas – la mayoría menores de edad -, y un hijo y amigo en Madrid, por fin su primer varón, pero que ya no tiene fuerzas para regresar al país. # 

Etiquetas: Iraq

13 respuestas hasta ahora ↓

  • 1 DIEGO HERRERO // Mar 11, 2010 a las 2:48 pm

    Siento mucho la muerte de tu amigo. Otro amigo tuyo desde la distancia y no el olvido te manda un fuerte abrazo.

  • 2 Ana E. // Mar 11, 2010 a las 4:46 pm

    Hola Abel, gracias por enviarme la crónica sobre Hussen. Supongo que lo habré conocido pero tengo tantas caras y nombres en la cabeza que no soy capaz de situarlo. De todos modos no importa porque tu relato me ha hecho sentir su muerte como si lo conociera de hace mucho. Más bien diría que tu necrológica me ha hecho recordarle como si realmente lo tuviera en mi cabeza con nitidez. Creo que eso es todo un logro.
    Espero que te vaya bien, o más o menos. Un beso muy fuerte. Ana

  • 3 Rafa Sierra // Mar 11, 2010 a las 4:49 pm

    Abel, después de leer la historia de Hussen Maheen tengo que decir que yo también lo siento, sin conocerle, me ha parecido una persona encantadora y comprometida y como otros muchos ha muerto por culpa de otra guerra absurda. Descanse en paz.

    Un fuerte abrazo amigo y animo para seguir adelante.

  • 4 Esme // Mar 11, 2010 a las 9:06 pm

    Me alegra saber que sigues defendiendo las historias que más se lo merecen.
    Besito y suerte con tu exposición en Londres

  • 5 elisabetta // Mar 12, 2010 a las 4:18 am

    hola abel, gracias por mandarme el link. yo si me acuerdo de hussen… muy lindo lo que escribiste. ruego para que este en un mundo mejor ahora. un fuerte abrazo desde baires (donde estuve de vacaciones y de donde vuelvo maniana a roma), tu amiga betta

  • 6 Pablo Ramirez // Mar 12, 2010 a las 4:42 am

    Hola Abel,

    Bonitas palabras para un personaje que se las merecía sin duda, siento que la suerte no le acompañase , como a otros miles de personas inocentes y anonimas que perdieron y pierden la vida a diario en Iraq; la verdad es que cuando se le pone “cara” a la gente que no está y los recuerdos de muchas tardes contigo y con él tomando un té y comentando el día hacen que sea mas triste todavia su perdida.

    Al menos Hussein tiene alguien como tú que sigue manteniendolo vivo en la memoria.

    Un fuerte abrazo.

    Pablo Ramirez

  • 7 Simón Casanova // Mar 12, 2010 a las 4:29 pm

    Joder, tio emocionante

  • 8 ALBA // Mar 12, 2010 a las 9:28 pm

    Gracias a “lazarillos” como Hussen, que son los que de verdad conocen el terreno, podemos hacer nuestro trabajo y también salir enteros de alguna situacion comprometida : son nuestros ángeles de la guarda.
    Un beso.

  • 9 Marta // Mar 12, 2010 a las 9:40 pm

    Impresionante y emocionado tributo el que le rindes a tu “Sancho Panza”…
    Lo siento. De verdad.
    Un besito.
    Marta

  • 10 Olga E. S. // Mar 15, 2010 a las 2:38 pm

    Mi querido Abel, tus experiencias tan estremecedoras como impactantes no me pueden dejar indiferente, compartiendo contigo un dolor profundo y “un ahogo” que me encogen el corazón. ¿ cuántas cosas esta sociedad nuestra no queremos ver?. Me ha sobrecogido la vida tan triste, dura e inmerecida de Hussen. Has sido un `privilegiado por conocer a gente de tanta categoría y grandeza. Recibe todo mi cariño, luego intentaré seguir leyendo. 1015 besos, Olga

  • 11 Marisol Gómez // Mar 15, 2010 a las 10:43 pm

    Hola Abel,

    No tengo palabras.

    Siento muchísimo la muerte de tu amigo, como la de tantos inocentes salpicados por estas asquerosas guerras.

    UN ABRAZO MUY FUERTE, y gracias por enviármelo.

    Marisol

  • 12 Miren // Mar 21, 2010 a las 3:48 pm

    un beso muy gordo abel, que hace siglos que no te veo…

    siento que cada vez que responda a un mensaje tuyo sea por cosas tan duras… espero que pronto pueda leer o ver una sonrisa…

  • 13 Laura // Mar 22, 2010 a las 10:48 pm

    Hola Abel,

    Sigo tu blog desde que lo descubrí con tu detención en Gambia. Ojalá te prodigaras más porque despiertas sentimientos y conciencia que a menudo se me olvida o se me escapa en mi pequeño mundo del día a día. He compartido tu tristeza por Hussen y recordado con tu testimonio que a unos pocos miles de km alrededor, el día a día es lograr sobrevivir un día más.

    Te mando mucho besos y cuídate un montón.

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